“Léxico familiar”. Natalia Ginzburg

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La imagen del lienzo pintado por Amedeo Modigliani “La Cabeza Roja” llega con muy buenos augurios y sirve de portada a “Léxico familiar” la valiosa obra de Natalia Ginzburg, la voz narrativa italiana por excelencia del siglo XX, y  merecidamente reconocida con el Strega en 1962.

El libro es un fabuloso fresco, como una romanza dedicada a la vida íntima, difícil de abandonar cuando se  comienzan a leer sus primeras líneas:

“Cuando yo era pequeña y vivía en casa de mis padres, si mis hermanos o yo volcábamos un vaso encima del mantel o se nos caía un cuchillo, mi padre tronaba:« ¡No hagaís groserías!»

Si mojábamos el pan en la salsa gritaba.«¡No rebañeís los platos! ¡No hagáis  mejunjes!»

Los cuadros modernos  también eran según mi padre, cochinadas y mejunjes; no los podía soportar.

El relato se lee como una novela pero realmente no es ficción, es la verdadera historia de la autora. Como un álbum de  imágenes familiares y sonoras, se pasa cada página para mostrar su rico patrimonio oral heredado, con saltos en el tiempo, va recordando escenas domésticas y consigue que el lector se sumerja de inmediato en su historia. Una historia singular, emocionante y divertida ; ella, en el papel  de  narradora y a la vez de cronista eficaz,  reflexiona la condición humana a través de sus recuerdos.

“Léxico familiar” es un canto a la vida, que ilustra las vidas privadas cuando sus personajes  calzan zapatillas, y se muestran con todas sus virtudes y debilidades, dejando para telón de fondo las graves contiendas de los años  30 y 40 del siglo XX.

Los personajes aparecen con nombres reales y comienzan a desfilar surtiendo a una amplísima galería que irá creciendo conforme pasan los años recordados. La autora cuenta en primera persona con un lenguaje sencillo y profundo… de los que dice mucho en pocas palabras, y con la peculiaridad de los buenos retales, recorta y pega escenas de su vida vivida, mostrando las frases más curiosas, las más llamativas que presenció desde su infancia y a la vez refrescan –de forma asombrosa– recuerdos de escenas domésticas vividas por los propios  lectores.

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