Presentación de “Orangetown”. Salvador Pons

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“Orangetown” parece el titulo de una película de los setenta, de un film de género negro que si le seguimos la pista se encuentran dos emblemáticos símbolos que dejan  huella, reflejando una imagen como indicio de la “pura ficción”. Una novela que le da protagonismo a Valencia desde una visión muy particular, una ciudad en la que la acción y las secuencias rodarán con a la imaginación de Salvador Pons Bordería.

En un ambiente distendido que siempre se encuentra en Bibliocafé, se observa a los últimos de la fila en pie ante la novela que comparece escoltada para ser defendida con humor, ironía y contradicción.
Santiago Posteguillo, reconocido escritor y entusiasta de trilogías, tras enumerar el brillante currículum del autor y compañero, consigue que las gotas del cítrico que llega de la portada se convirtieran en un delicioso jugo de palabras; defensor de la novela, reivindica a los autores que son capaces de dibujar una sonrisa en los labios, y el autor de Orangetown lo alcanza con éxito, con una mirada sonriente y un punto amargo.

Luis Valera gran conocedor del género negro, también ha publicado sus dosis inquietantes, e hizo de filtro para valorar lo que considera un oficio de disciplina, la trama, la agilidad y la exactitud que  tiene la obra; y no le han faltado argumentos ni ingenio para defender en más de una ocasión a la ciudad que no está despojada de virtudes,  y  según él sí hace ver en la literatura como es; y mete ese dedo en el ojo que a todos hace sentir incomodo.

Salvador Pons ha defendido su visión con una fluidez y tranquilidad, demostrando que se le ha concedido el don de la oratoria, él insiste  que escribe de Valencia para entenderla, a pesar de lo literaria qué es, todavía falta por contarla y cantarla. Algunas señales de humo se advierten entre los asistentes ante un discurso que tal vez sea  para sonreír y no para soltar la carcajada.

Una novela satírica con piel de novela negra, el autor valenciano dice que «el mayor enemigo es la propia ciudad». Una ciudad que se halla en constante trasiego por encontrar su “centro” lo más oculto, y ver lo que se cuece más allá de los días de fútbol y fallas.

Y con una  mueca de “todo es porque sí” se atreve a vaticinar el futuro de su novela:

«Será ¡nada! ante los ojos indiferentes de la ciudad».

Tras sonoros aplausos, una larga cola guardaba su turno para la dedicatoria, mientras el autor no quitaba ojo al gran ramo de flores esparcido en la mesa que ,sin concitar, defendía su espacio ante un desfile continuado de “Orangetown”.

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