La Palabra Heredada. Eudora Welty


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Eudora Welty supone un gran descubrimiento para quien no conozca a esta autora nacida en 1909 en el sur de Estados Unidos, Jackson (Mississippi), poseedora del Pulitzer entre otros reconocimientos, el legado principal que le condicionó toda su vida fue otorgado por su familia transmitiéndole el amor y el conocimiento por la gran literatura.

“La Palabra Heredada” ha llegado a nuestra lengua con toda fidelidad, gracias a la excelente traducción del reconocido Miguel Martínez–Lage (Premio Nacional a la Mejor Traducción 2008) un filólogo que se volcó en  los grandes como William Faulkner, Allan Poe, Joseph Conrad, Virginia Wolf,  Louis Stevenson, Henry James y tantos otros de altísimo calado ; por ello llega  un texto fiel, fresco y reciente, escrito  para la conferencia que pronunció en la Universidad de Harvard en 1983 y tomó el rumbo de ser publicado por su interesante tema:  la propia  biografía de Welty.

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Se inicia con una infancia recordada, ella en primera persona es quien nos narra sus primeros encuentros con los libros, agradece a sus padres que le  proporcionaron sus incipientes placeres… «A los dos años me enseñaron que cualquier habitación en nuestra casa, a cualquier hora del día, podría ocuparse para leer, y sobre todo para hacerlo en voz alta a quien quisiera escuchar». Sus juguetes y tesoros antes de saber leer ya eran los libros, rastreaba sus encuadernaciones, ilustraciones, el olor y las huellas dejadas por los años en cada página.

Desde  niña observaba como un espectador las conversaciones que mantenía  su madre con vecinas y amigas, y las transportaba a un espacio teatral como si fueran “representaciones” de hechos que se narraban por escenas; así comienza su percepción de lo cotidiano, experimentando poco después con un tratamiento fotográfico para llegar tras una etapa de articulista a escribir literatura. “La Palabra Heredada” contiene un lenguaje dinámico, elegante, preciso y profundo, que se puede apreciar al leer este breve libro, que no hace otra cosa que invitar en cada página a conocer y disfrutar de la belleza de la palabra.

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Antón Chéjov

Un amigo y gran lector comentó que el teatro aporta grandes dosis de calidad literaria con una ventaja añadida, y es el poco tiempo que se emplea para leerlo; y efectivamente, lo comprobé con rapidez al leer a Oscar Wilde, Shakespeare o Casona por poner tres ejemplos de grandes  y a la vez muy diferentes.

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Hace unos días repetí un cuento breve y genial, una muestra de que la gran literartura puede estar contenida en pequeñas dosis, su autor médico y dramaturgo, también escribió relatos cortos, muy cortos. Lejos de moralizar, no responde -es más– se queda en la pregunta sin llegar a finales cerrados; y como si se tratase del gesto que acompaña a un trago de vodka  antes de que empieza la embriaguez, le sucede otro;  de igual modo aconteció cuando  a la última página del cuento le sucedió de nuevo la primera, su lectura se iguala al modus operandi del consumidor de espirituosos de gran  etiqueta: cortos e intensos.

Decir tanto con tan pocas palabras, tan precisas, sencillas, sin grandes argumentos y con personajes cercanos que muestran situaciones cotidianas, mientras subyace un gran conocimiento del género humano por parte del gran escritor ruso Antón Chéjov, nacido en 1.860 que con el tiempo sigue estando más actual que nunca,

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“La obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio.”

                                http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/ac.htm

Clotilde, musa de Sorolla

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Fue una de las mujeres más retratadas de su época, escogió el segundo  plano para pasar por la vida y dar prioridad al “maestro de la luz”, Clotilde mujer y musa, triunfó ante los ojos de Joaquin Sorolla. Hoy el Museo de Bellas Artes San Pío V le rinde homenaje con una exposición de lienzos, dibujos, y fotografías dedicados por entero a la  mujer que acompañó al pintor  a lo largo de su intensa vida.

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En la exposición”Clotilde de Sorolla” se puede encontrar algo excepcional, con enorme legibilidad se puede leer un acto de culto a la palabra escrita contenido en unos pequeños “lienzos”. Es un   testimonio epistolar que se escribió hace más de cien años; cartas que se enviaron a lo largo de su vida y ahora se asemejan a las  últimas tendencias al comprobar que las  emociones nunca envejecen.

Al observar la caligrafía, se comprueba una declaración constante de amor con incontenibles emociones en estado puro, la pareja ha dado buena cuenta de que el tiempo pasado permanece en permanente susurro.

Seducción y placer que siguen ardiendo; la moda de unos eternos jóvenes, que sin atisbo de ruborizarse, muestran al resto del mundo su secreto más preciado, en una escritura que no se prodiga en la redacción de un teclado, acelerado y con corrector, cuyo rastro iguala a todos, y poco deja para adivinar lo que palpita en nuestro interior.