“El hombre que compraba gigantes”. Luis Folgado

Su aventura comenzó en una visita al Museo Antropológico Nacional, el ojo avizor de Luis Folgado se detuvo ante un esqueleto y reparó en una pequeña placa de bronce que rezaba:”Adquisición del doctor Velasco“. Con una enorme lupa, a salto de hemeroteca y librería de viejo, el autor hallará la pieza clave para dar latidos a su nueva creación. 

UnknownEl escritor llegaba a Valencia el pasado 4 de diciembre para presentar su último libro. Le acompañó en la mesa de Bibliocafé la escritora Marta Querol, que, entusiasmada por la lectura, destacó el estilo galdosiano de Folgado, sucumbiendo poco después a la tentación de desvelar parte de la trama. Un encuentro que suscitaba interés por conocer una historia real, mientras el autor añadía en sus intervenciones retratos fascinantes de cada uno de sus personajes y daba razones del porqué perpetúa en el museo su protagonista. Casi salimos con el argumento aprendido, pero había que esperar y digerirlo a través del verdadero placer de la lectura.

El inicio del libro arranca con un final anunciado en el mismo título, y cuenta de los orígenes humildes de Agustín Luengo…donde las  únicas que comía bien en aquella familia eran las dos vacas que pastaban en los pobres prados detrás de su casa. Un personaje doblemente castigado al nacer: por la precariedad de su tierra extremeña a mediados del XIX , y por su descomunal altura.

Un reflejo que evidencia la sociedad del momento con escasos recursos para sobrevivir; si por añadidura pertenecías a la casta donde la naturaleza actúa al capricho genético, la suerte estaba echada; el grandullón que nació sin libertad le prepararon para la exhibición y se adueñaron de su destino.

Una historia que marcha al compás de una caravana circense donde los personajes reclutados encuentran lo más parecido a una familia, y sienten por primera vez indicios de afecto. En la segunda parte, el protagonista abandona el hogar rodante y se instala en el Madrid desconocido; para combatir soledad y  frío, decide enfrascarse en peleones aguardientes que acaban atrapándole en la tentadora tela de araña de los primitivos placeres.

Todo ello escrito con una excelente prosa que fácilmente nos transporta al pleno XIX , de una España plagada de rincones anclados en el medievo, mientras los tiempos modernos rugían y avanzaban a pasos agigantados ante una sociedad que, recelosa de lo atávico, aceptaba con cuentagotas el progreso. Hoy, siglo y medio después, hemos avanzado, aunque en ocasiones todavía participamos en miradas esquivas ante esa minoría.

Con la ilustración de Colucci, se presenta un libro cuidadosamente editado por Altera; aunque sus 260 páginas marchan demasiado veloces para tan deliciosa lectura.

Apenas contaba siete años cuando Luis C. Folgado de Torres adquirió la manía de escribir;  mientras la inmensa mayoría practicábamos la caligrafía en los cuadernos Rubio, el desenvuelto autor ya creaba sus propios relatos. Hoy sigue con sus “rarezas” y el noble linaje al que pertenece le permite observar la vida sobre hombros de auténticos gigantes.