¡Ahí es Nada!, el teatro de José A. Milián

A través de la literatura y el teatro, José A. Milián ejercita el día a día en el colegio del Pilar, donde sus materias muestran a los alumnos que la vida otorga un disfrute añadido cuando se hallan las páginas escritas. Así se revela un entusiasmado por las letras, un gran maestro que ilumina en las aulas. 

Buena parte de su gesta consiste en materializar su proyecto con los que cursan primero de bachiller, los nuevos  talentos que conforman Pilar Teatre.

ImagenTodavía permanece en nuestra mano la herramienta para picar piedra que nos dejó con Evolution , más aún, para tallar los artilugios que la Modernidad trae sin medida, y sin medida seguimos hasta hoy, sin saber utilizarlos de forma moderada. ¡Así nos va!  

Nada es la original idea de este año, un folio en blanco transformado por la mano brillante de José A. Milián, una obra que nada en la metáfora.

Esta vez, el autor nos hace el guiño con un felino, el muñeco nos marca el ritmo con el movimiento de un brazo castrense que sube y baja con una marcha imparable —¡qué gato más cansino!— en verdad, nos está retando a que nos movamos más que él y combatir el chantaje de la comodidad a la que sucumbimos por nada.

Nada son dos horas de cautiverio voluntario al que, sin apenas pestañear, asistimos para acabar henchidos y disfrutar de un plantel que se presenta como espejos de nuestra cotidianidad; todos en mayor o menor medida quedamos reflejados en los protagonistas.

En Nada encontramos la complicidad y el buen hacer entre la dirección y sus colaboradores, focos bien adiestrados, sonido de cabina, voces que dialogan entre butacas, silencios que se rompen con el estallido de excelentes coreografías, audiovisuales, y ¡cómo no!  todo hilvanado con humor; y de esta forma tan hechicera, envueltos entre risas, nos atrapa como sin nada, y ¿para qué? para hacernos trabajar un poco, reflexionar, movernos, vivir ¡ahí es nada! porque no hay nada que impida que tengamos un ojo avizor para no caer en el engaño de las apariencias. 

Y con la rapidez de un golpe de abanico se abre el mundo ante nosotros, el mismo que pisamos, el que está repleto de posibilidades y aunque no nos consideremos cortitos de vista, no siempre lo vemos.

El profesor no se instala en el éxito logrado, cuando baja el telón afronta un nuevo reto, prepara a los recién llegados arrebatándoles buena parte de sus miedos para subir a escena. Y así vemos una pequeña parte de Nada, que más que nada aún queda por decir mucho.

José A. Milián posee un estilo propio que cautiva, algo difícil de conseguir. Su ingenio se inyecta en un público entregado desde el inicio, y no deja de sorprender en cada secuencia una creatividad empapada de historias, que brota con tinta fértil cada primavera.
                                                     ¡Enhorabuena!

 

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