“Pacífico” de José Antonio Garriga Vela

Pacífico no se encontrará el lector cuando se embarque en la primera página, más bien se pondrá en alerta para ser testigo de la desgracia que, no tan ajena, conmueve y nos mantiene inquietos. Porque prisioneros estamos de lo que leemos y, en esta historia, la fatalidad encadenada mantiene a sus protagonistas en la cuerda floja, y a nosotros en vilo.

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El autor comienza fuerte en el primer capítulo. Avanza de cero a cien en un instante. Nos propina con su guante literario un KO para alejarnos de la realidad y adentrarnos rápidamente en el mundo de la calle Comercio, donde la herencia genética de una familia lleva impreso el emblema que garantiza, a golpes, la condena de un destino macabro.

En Pacífico se comienza a narrar los hechos del pasado; de un pasado reciente como son los años sesenta y, a saltos, llega al presente para volver a retroceder, tejiendo un patchwork de retales de tiempo y escenas que en su perfecta unión crea un diseño armónico para contar la historia.

Garriga Vela elige como narrador a uno de los protagonistas que, como un mártir, persigue su sueño con el deseo de sufrir lo indecible para ser escritor. Un personaje que posee el don de traducir los silencios y las miradas, a la vez que practica estar en la inopia, en la que se refugia como única vía de redención. Un estado que le facilita circular entre los intersticios de las mentes de su entorno y dar con la clave donde se fraguan los desvaríos más insospechados.

Un narrador testigo que recuerda el pasado y nutre la historia con tremenda sencillez, salpicada con gotas de humor negro que se agrandan por momentos cumbres, y por los nombres tan irónicos con los que no podemos evitar sonreír.

Asoman vidas vacias que se preñan de héroes de papel, de personajes de prensa que son noticia por el tinte oscuro de sus vidas. Celebridades como Hemingway o Kafka, desfilan entre otros y son adoptados para cubrir de hazañas el hogar familiar, como una atmósfera ajena que invade y adquiere el protagonismo en sus tertulias que, sin poder evitarlo, enlaza las desgracias ajenas con las propias.

Los personajes son tratados en profundidad, no hace falta detenerse en la fisonomía para visualizarlos en toda su magnitud. Sus gestos, pensamientos y acciones, los visten por dentro; un atavío en el que deberíamos reparar a menudo para obtener certezas ante ante el sujeto que nos hallamos.

Un viaje que, lejos de ser pacífico, merece ser abordado para navegar con un maestro que amarra al lector con una prosa de gran calidad, aparentemente sencilla, que escruta en profundidad la cara más oculta y frágil que se esconde en el mundo de las apariencias. 

Pacífico fue galardonada con el premio Dulce Chacón de novela en 2009, una gran novela que invita a seguir leyendo la obra de uno de los grandes, de José Antonio Garriga Vela.

 

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