“Tangerina” de Javier Valenzuela

El mundo de Javier Valenzuela está repleto de escenas al fresco. Lleva la actualidad en el bolsillo que detiene para pintarla con noticia y colorido para mostrar nuestro gran espectáculo diario. Su gama de pluralidad es atendida con la misma ilusión óptica del invento que irrumpió a finales del XIX, en Occidente, El Panorama, donde el espectador quedaba envuelto por la amplitud del lienzo cilíndrico observado, para luego, asistir al juego de seducción que recrea y adiestra la mirada del futuro espectador de la gran pantalla.

UnknownAtraído por el panorama de la vida y preso de las letras rápidas, el autor que piensa en mayúsculas se adentra a la escritura pausada, teclea en minúsculas y sus credos quedan registrados en negrita.

Cerca de cuarenta años lleva persiguiendo la noticia sediento de actualidad. Se ha desplazado como un trotamundos de aquí para allá acompañado de la inmediatez que supone la letra rápida. Un ritmo que le impedía disfrutar de la contemplación, y es ahora cuando se permite un respiro para aligerar el peso de su mochila que, rebosante de historias, vuelca en su parada en Tánger, ciudad que se queda como protagonista indiscutible de su primera novela.

En Tangerina el lector se convierte en espectador, sigue la cámara de Valenzuela que alcanza todos los ángulos. Describe con profusión todos los detalles y pinta la escena que enfoca hacia un paisaje luminoso con interior sombrío, tanto de los años cincuenta como los del inicio del siglo XXI.

El autor narra en soliloquio la parte más contemporánea y queda atrapado como personaje en su propia novela. Se viste de profesor del Instituto Cervantes, Sepúlveda, con perfil plano, al estilo del detective de Conan Doyle; por cierto, una de sus célebres frases Usted ve, pero no observa, está lejos del autor, él se mueve entre personajes cargados de acción que los ensambla en dos narraciones hasta hallar la pieza clave, una breve cursiva que funde el pasado con el presente, haciendo un guiño a su admirado Chukri.

Con la facilidad de prender un cigarrillo en el 52 y fumarselo en el 2002, de unos labios carmesí y contemplar, años después, un atardecer del mismo color, enlaza un periodo y otro del Tánger prolífico en personajes literarios. Entre ellos destacan los Bowles, Capote, Tenessee Williams, Chukri, Sanz de Soto, Goytisolo… y otros ficticios como Olvido, una talla femenina muy bien construida.

Hay diversas formas de ser tangerino, y el serlo por nacimiento es, acaso, la menos importante. Javier Valenzuela adopta aguas ajenas como familiares porque siempre se es de donde se ha aprendido a vivir. Su estancia en Tánger la ha saboreado como un buen cítrico, exprimiéndole todo su jugo.

La Librairie des Colones es un enclave mítico de la ciudad cosmopolita, en el escaparate se exhiben firmas que vivieron sus años fértiles saborando el té con hierbabuena del norte de África, un aroma que se transforma en madera de cedro al atravesar sus puertas donde aguardan anaqueles tapizados por muchos genios literarios.

Tangerina está hoy en su escaparate. ¡Enhorabuena, Javier Valenzuela!

http://www.javiervalenzuela.es/libros.php

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