Karmelo C. Iribarren, un poeta forjado en el fondo de la barra

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El cuaderno de Karmelo Iribarren nace tras una barra en el casco antiguo de San Sebastián. Desde su rincón contemplaba escenas de vida que las ha convertido en lineas poéticas. Un Edward Hopper que pinta, con sencillez y profundidad, modelos urbanos que consumen el tiempo sin grandes esperanzas. 

Sencillo y con esencia, como sus poemas, se presenta el autor que comenzó a escribir en su lugar de trabajo y guardó un material con tintes dramáticos. Un hombre que, desde su atalaya, optó por observar a los parroquianos que, lentamente, se bebían las horas en la taberna.

Actualmente lleva más de treinta años dedicado a la poesía; Karmelo C. Iribarren presenta la realidad con tonos pesimistas que danzan en melodías conmovedoras y reflejan la supervivencia de noctámbulos que se pierden en la ciudad.

Un poeta de ambiciones domésticas que viste con poesia a personajes extraídos de la calle, tipos sin pretensiones, conformistas que han nacido sin suerte y que permanecen en vida con un lastre de amargura y soledad.

Hasta el más advenedizo dialoga con los poemas que ratifican al autor como figura destacada del realismo. 

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«Desde el fondo

de la barra»

Sencillo

Verás/ es muy sencillo: / los lunes/ martes/ miércoles/ jueves/ viernes,/ son la vida.

Los  sábados/ no son más/ que una efímera ilusión/.

Y los domingos/ nos sirven/ para encajar/ bien/ todo esto/

 

 

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