Karmelo C. Iribarren, un poeta forjado en el fondo de la barra

l_foto-para-evento-web

 

Su cuaderno de escritor engordó detrás de una barra en el casco antiguo de su ciudad natal, San Sebastián. Una visión particular que pinta la vida con lineas poéticas y lo consagran como figura destacada del realismo. Karmelo Iribarren repara en tipos como lo haría Edward Hopper que consumen la espera sin grandes esperanzas. 

 

Sencillo de carácter y reservado comenzó a escribir en su lugar de trabajo y consiguió un material con tintes dramáticos. Un hombre que, desde su atalaya, optó por observar a los parroquianos que bebían las horas en su taberna.

Y así lleva más de treinta años dedicado a la poesía.  Karmelo C. Iribarren presenta la realidad con tonos pesimistas que danzan en melodías conmovedoras y reflejan la supervivencia de noctámbulos que se pierden por la ciudad.

Un poeta de ambiciones domesticas que atesora material dramático con sus personajes extraídos de la calle, tipos sin pretensiones, gente que ha nacido sin suerte y que permanecen en vida como un lastre de su soledad. 

51Moc6L4NmL._SX363_BO1,204,203,200_

 

 “Desde el fondo de la barra”:

Sencillo

Verás/ es muy sencillo: / los lunes/ martes/ miércoles/ jueves/ viernes,/ son la vida.

Los  sábados/ no son más/ que una efímera ilusión/.

Y los domingos/ nos sirven/ para encajar/ bien/ todo esto/

 

 

Seguir leyendo “Karmelo C. Iribarren, un poeta forjado en el fondo de la barra”

Anuncios

“Los éxtasis de Teresa” de Marisa Bou

Subió peldaños muy temprano. Toscamente armados, sin comodidad, como si un caprichoso destino los hubiera dispuesto para trastabillar. Siente adoración por Helios, el dios que le asegura caricias cada amanecer.

Unknown Marisa Bou inspira la vida en profundidad. Se alimentó de libros en tiempos de carestía. Le proporcionaron conocimiento y destreza para comenzar el diseño de su propio frontispicio. Luego llegó el exordio y, como una redención, aparecen ahora sus primeros escritos que, rotos en pedazos, recompone para dar paso a su primera obra literaria.

En este libro asoman recuerdos del pasado o pasajes imaginados, pero en cualquier caso, todos cautivan por el tema y por la forma en que están contados. Pequeños cuentos que viajan en el tiempo sin orden cronológico y, a saltos, van descubriendo los avatares de la vida.

Un brillante prólogo de Justo Serna nos pone en antecedentes para dar paso a la autora que agradece la confianza de su editor, José Luis Ibáñez Salas, entusiasta de su primera aventura literaria.

La voz narrativa se desdobla en dos personajes, dos amigas, Alicia y Teresa. En confidencias narran el contenido de sus largas conversaciones que, en ocasiones, resultan interrogatorios por parte de la astuta Alicia. La vida de Teresa es el único eje. Casi se puede percibir como un desnudo.

Sin tono victimísta,Teresa reconoce haber vivido reclutada entre paredes humildes, otras hostiles, y en ellas olió el estreno de su iniciática vida laboral. En todas, seguía las pautas que marcaba la sociedad de la censura, la misma que visionaba la cara maquillada del No–Do antes de descubrir las otras vidas de película, que, por qué no vivirlas.

Diligente y con rebeldía contenida; así ha pasado muchos años la protagonista de esta historia, donde cada equivocación del pasado se convierte en un deseo para ser purgado. Cambiar de piel, o mejor, descubrir su verdadera naturaleza. Este es su reto y por el que luchará para convertir la imagen desvirtuada que refleja su espejo.

El azul que contempló desde su celda empapelada se transforma con los años en un paisaje oxigenado, ideal para suspirar, como el que percibió en su escapada a Roma, donde se sucedieron muchos momentos de éxtasis que alimentan su memoria. El amor maternal que siente Teresa le convierte en una Wendy para sus cinco hijos, los verdaderos protagonistas de su vida. Para ella, cada uno es único y  reciben en esta publicación su particular homenaje.

La pluma de la autora se desliza como zapatos nuevos sobre alfombra límpida. Con pasos breves, rítmicos, sin traspiés. Leer Los éxtasis de Teresa es conocer vida, descubrimiento, aceptación. Un pequeño universo escrito con el alma, como lo hacía la santa que llamaba loca de la casa a la imaginación. Una imaginación desbordante alimentada por los astros que cristalizan, en verso, el alma de poeta de Marisa Bou.

¡Enhorabuena, Marisa Bou!

  http://puntodevistaeditores.com/tienda/los-extasis-de-teresa/

“Tangerina” de Javier Valenzuela

El mundo de Javier Valenzuela está repleto de escenas al fresco. Lleva la actualidad en el bolsillo que detiene para pintarla con noticia y colorido para mostrar nuestro gran espectáculo diario. Su gama de pluralidad es atendida con la misma ilusión óptica del invento que irrumpió a finales del XIX, en Occidente, El Panorama, donde el espectador quedaba envuelto por la amplitud del lienzo cilíndrico observado, para luego, asistir al juego de seducción que recrea y adiestra la mirada del futuro espectador de la gran pantalla.

UnknownAtraído por el panorama de la vida y preso de las letras rápidas, el autor que piensa en mayúsculas se adentra a la escritura pausada, teclea en minúsculas y sus credos quedan registrados en negrita.

Cerca de cuarenta años lleva persiguiendo la noticia sediento de actualidad. Se ha desplazado como un trotamundos de aquí para allá acompañado de la inmediatez que supone la letra rápida. Un ritmo que le impedía disfrutar de la contemplación, y es ahora cuando se permite un respiro para aligerar el peso de su mochila que, rebosante de historias, vuelca en su parada en Tánger, ciudad que se queda como protagonista indiscutible de su primera novela.

En Tangerina el lector se convierte en espectador, sigue la cámara de Valenzuela que alcanza todos los ángulos. Describe con profusión todos los detalles y pinta la escena que enfoca hacia un paisaje luminoso con interior sombrío, tanto de los años cincuenta como los del inicio del siglo XXI.

El autor narra en soliloquio la parte más contemporánea y queda atrapado como personaje en su propia novela. Se viste de profesor del Instituto Cervantes, Sepúlveda, con perfil plano, al estilo del detective de Conan Doyle; por cierto, una de sus célebres frases Usted ve, pero no observa, está lejos del autor, él se mueve entre personajes cargados de acción que los ensambla en dos narraciones hasta hallar la pieza clave, una breve cursiva que funde el pasado con el presente, haciendo un guiño a su admirado Chukri.

Con la facilidad de prender un cigarrillo en el 52 y fumarselo en el 2002, de unos labios carmesí y contemplar, años después, un atardecer del mismo color, enlaza un periodo y otro del Tánger prolífico en personajes literarios. Entre ellos destacan los Bowles, Capote, Tenessee Williams, Chukri, Sanz de Soto, Goytisolo… y otros ficticios como Olvido, una talla femenina muy bien construida.

Hay diversas formas de ser tangerino, y el serlo por nacimiento es, acaso, la menos importante. Javier Valenzuela adopta aguas ajenas como familiares porque siempre se es de donde se ha aprendido a vivir. Su estancia en Tánger la ha saboreado como un buen cítrico, exprimiéndole todo su jugo.

La Librairie des Colones es un enclave mítico de la ciudad cosmopolita, en el escaparate se exhiben firmas que vivieron sus años fértiles saborando el té con hierbabuena del norte de África, un aroma que se transforma en madera de cedro al atravesar sus puertas donde aguardan anaqueles tapizados por muchos genios literarios.

Tangerina está hoy en su escaparate. ¡Enhorabuena, Javier Valenzuela!

http://www.javiervalenzuela.es/libros.php

José A. Milián: Locura y Teatro

Los primeros escarceos con el teatro se producen cuando se traslada el aula habitual al salón de actos, donde grandes voces literarias cobran vida a través de las lecturas dramatizadas de los textos. Un gran paso para aprender. Captura de pantalla 2015-05-23 a la(s) 13.06.16

José A.Milián, un apasionado de la literatura y el teatro, propaga sobre los alumnos del colegio  El Pilar, de Valencia, la forma más óptima para disfrutar de estas artes convertidas en asignatura. Con el nombre de Pilar Teatre funda una compañía que renueva cada curso con la integración de cuarenta nuevos aspirantes. Pocos escenarios educativos han producido tanto talento.

De Locos es su última representación. Hemos asistido una vez más, al prodigioso resultado del trabajo que, ha llevado de cabeza a Jose A. Milián durante muchos meses. Un maestro que, dotado de una mente iluminada, resplandece gracias a la inagotable batería de la creatividad.

Desde su condición de escritor, observa la teatralidad de la vida. Transeúntes convertidos en protagonistas, le sirven para construir su historia, en la que brillan diálogos sutiles, llenos de humor e ironía, guiños sociales que resultan trascendentes para muchas cuestiones de calado.

Los que no se alimentan de sueños, han excluido este arte de las optativas, y, ateridos recibimos la noticia de que nuestra dosis de locura tiene que menguar. No podemos quedarnos sin esa realidad soñada llamada Pilar Teatre que abastece, cada curso, el almacén de nuestros buenos recuerdos.

Me cuesta creer que esta maravillosa forma de enseñar, de quitar miedos, de descubrir talento, de aprender disfrutando con esfuerzo y recompensa, tenga un final. No dramatizo porque el mensaje de De Locos es alentador, y mantengo la esperanza de que nunca llegue una última representación.

Mi agradecimiento es enorme a todos los que, año tras año, abren el telón de la ilusión que insta a perseguir todos los deseos.

Un emotivo vídeo homenaje creado por los exalumnos y su equipo que han participado en la aventura de este maestro que lo da todo por ellos y por el teatro.  ¡Gracias, José A. Milián!

Captura de pantalla 2015-05-24 a la(s) 21.21.57

“Pacífico” de José Antonio Garriga Vela

Pacífico no se encontrará el lector cuando se embarque en la primera página, más bien se pondrá en alerta para ser testigo de la desgracia que, no tan ajena, conmueve y nos mantiene inquietos. Porque prisioneros estamos de lo que leemos y, en esta historia, la fatalidad encadenada mantiene a sus protagonistas en la cuerda floja, y a nosotros en vilo.

IMG_0003

El autor comienza fuerte en el primer capítulo. Avanza de cero a cien en un instante. Nos propina con su guante literario un KO para alejarnos de la realidad y adentrarnos rápidamente en el mundo de la calle Comercio, donde la herencia genética de una familia lleva impreso el emblema que garantiza, a golpes, la condena de un destino macabro.

En Pacífico se comienza a narrar los hechos del pasado; de un pasado reciente como son los años sesenta y, a saltos, llega al presente para volver a retroceder, tejiendo un patchwork de retales de tiempo y escenas que en su perfecta unión crea un diseño armónico para contar la historia.

Garriga Vela elige como narrador a uno de los protagonistas que, como un mártir, persigue su sueño con el deseo de sufrir lo indecible para ser escritor. Un personaje que posee el don de traducir los silencios y las miradas, a la vez que practica estar en la inopia, en la que se refugia como única vía de redención. Un estado que le facilita circular entre los intersticios de las mentes de su entorno y dar con la clave donde se fraguan los desvaríos más insospechados.

Un narrador testigo que recuerda el pasado y nutre la historia con tremenda sencillez, salpicada con gotas de humor negro que se agrandan por momentos cumbres, y por los nombres tan irónicos con los que no podemos evitar sonreír.

Asoman vidas vacias que se preñan de héroes de papel, de personajes de prensa que son noticia por el tinte oscuro de sus vidas. Celebridades como Hemingway o Kafka, desfilan entre otros y son adoptados para cubrir de hazañas el hogar familiar, como una atmósfera ajena que invade y adquiere el protagonismo en sus tertulias que, sin poder evitarlo, enlaza las desgracias ajenas con las propias.

Los personajes son tratados en profundidad, no hace falta detenerse en la fisonomía para visualizarlos en toda su magnitud. Sus gestos, pensamientos y acciones, los visten por dentro; un atavío en el que deberíamos reparar a menudo para obtener certezas ante ante el sujeto que nos hallamos.

Un viaje que, lejos de ser pacífico, merece ser abordado para navegar con un maestro que amarra al lector con una prosa de gran calidad, aparentemente sencilla, que escruta en profundidad la cara más oculta y frágil que se esconde en el mundo de las apariencias. 

Pacífico fue galardonada con el premio Dulce Chacón de novela en 2009, una gran novela que invita a seguir leyendo la obra de uno de los grandes, de José Antonio Garriga Vela.

 

“La Reina del Azúcar” de Dolores García. Presentación en Valencia

Entrar en una sala de cine resulta fascinante,  la oscuridad se convierte en una propuesta evasiva para proyectar los sueños, un momento absorbente y mágico que también se experimenta en muchas presentaciones , donde la creación humeante, oliendo a tinta fresca, se presenta irresistible, como un original plato de autor.

Unknown

Dolores García ya mostró su talento con «El enigma de Mona Lisa», una obra que pone al descubierto la figura del genio renacentista que inmortalizó la sonrisa más enigmática y conocida de la historia.

El renacer llega ahora a Melilla con «La reina del azúcar», un homenaje que la autora brinda a su exótica tierra, todavía, no descubierta por muchos. Una historia que narra los hechos que transcurrieron a principios del siglo XX y se funden con la vida de la protagonista, una pertinaz mujer que arriesgó todo por mantener su imperio en el norte de África.

La amplia sala del Hotel Astoria se quedó pequeña el pasado seis de marzo para un público que superaba con creces lo esperado. Casi doscientas personas se congregaron para asistir a la presentación. La maestra de ceremonias, María Vicenta Porcar, desplegó sus mejores artes para cautivarnos de nuevo y acercó las voces de Voro Guzmán y Carmen Rochina para dar vida a los personajes y recrear algunas de las escenas de la novela.También trajo la música, ¡y qué música! con Ricardo Belda, el pianista que acompañó a la portentosa voz de Cris Blasco, que nos deleitó con canciones que sonaban en aquella época.

En los primeros compases las paredes de la sala, tapizadas de vacío como una pantalla sin escena, adquirieron color con la misma rapidez que el teclado del escritor cubre de imaginación las páginas en blanco.

La editorial Versátil, representada por Consuelo Olaya, estuvo de diez. Su rico cargamento de ejemplares lo acompañó con originales sacos acuñados con el emblema de la reina. En el acto demostró su profesionalidad y aseveró lo buena que es la novela.

En la mesa no podía faltar, para acompañar al plato fuerte, un ingrediente histórico, al que sucumbimos al escuchar a Isabel Barceló; sus publicaciones hablan por sí mismas, y en ellas pone todo su empeño en defender y darnos a conocer a las mujeres que merecen, por tener luz propia, ser reconocidas.

¿Qué puedo decir de la autora? Sonrisa, emoción, agradecimiento; contagió el delirio que se puede sentir por Melilla, invitó a pasear por su historia y conocer la fascinante vida de La reina del azúcar.

¡Enhorabuena, Dolores García!

 

La talla de un editor, la talla de Javier Jiménez

La contemplación de San Giorgio Maggiore fue crucial para Javier Jiménez. La puesta de sol se cerraba cuando una caricia lenta desvió su mirada ante la obra de Palladio. Era la imagen de una góndola que atravesaba la laguna al compás del crujido que, en un intenso abrazo, producía el remo con la fórcola, una pieza clave tallada con maestría para avanzar.

IMG_0338 copy

El aroma a papel impreso le envolvió como sábanas que guardan los sueños. Su apetito insaciable por la buenas lecturas le fueron robusteciendo hasta obtener una fuerza hercúlea que le valió para fundar una editorial: fórcola.

Al igual que el remero, el editor con sus páginas, facilita la navegación a bordo del trayecto que arrastra al lector sin reparos de entretenimiento, y le lleva a lo que tal vez pudiera ser trascendental. Para conseguirlo selecciona cuidadosamente sus piezas que expone en un catálogo simulando trofeos alcanzables.

Tener un ejemplar en las manos sacia la curiosidad del tacto, del olfato, de la vista y, sobre todo, del gusto que proporciona una buena lectura. Cada libro lo trata con singularidad y extrema dedicación. Con seguridad, el mismo Azorín se hubiera quedado prendado al degustar una edición fórcoliana.

La elegancia que caracteriza al editor de pajarita, elemento imprescindible para asistir a los conciertos, se traslada a la materia prima de sus productos, ensayos que bien merecen una pausa para ser atendidos.

Javier Jiménez es un bibliófilo que ama su oficio como pocos, muestra de ello es su impronta – la preciada fórcola–  que implica experiencia y conocimiento en alto grado para abastecer a todo un ejercito de ideas.

Él siempre viaja con los libros y, a libreros y a lectores, llega acompañado por las firmas para darle la máxima relevancia a cada presentación; y como muestra de ello son los cinco años que lleva embarcado en la aventura de editar con la sorprendente cota de cincuenta pasajeros y, todos, absolutamente todos, de gran calado.

¡Enhorabuena, Javier Fórcola!

a
http://forcolaediciones.com

“Paseando por el Zoco Chico” de Sergio Barce

Ejercer la seducción con colores no es un arte fácil. La singular proeza la consiguió Marruecos sobre Matisse cuando el genial pintor se desplazó para inmortalizar al país exótico. Intensos azules se fueron apropiando de su antigua paleta y pronto se declaró un converso al nuevo color. En Sergio Barce, el pigmento entró de forma más pausada. Los doce años que vivió hechizado por el aroma de Larache, fueron coloreando a la vez que fraguaban Paseando por el Zoco Chico.

10363743_10202563881286389_5250134160039991436_n Para cantar a Larache se necesita de una imaginación dotada de un gran cromatismo, y de una pluma diestra, como la del autor, que absorbe colores, pinta aromas y extrae texturas inimaginables. Donde la melancolía se transforma en luz y, en un ejercicio cargado de nostalgia, ahuyenta lo superfluo y lo solemne queda velado para dejar paso a la sencillez de la cotidianidad.

La curiosidad que sintió desde muy temprano le hizo atesorar en su portentosa memoria material valioso para construir sus recuerdos, escombros que recoge cada vez que vuelve a su Meca y edifican de nuevo para rememorar su infancia privilegiada.

Larachensemente aparece en el titulo como un suspiro que se escucha en profundidad, es como tomar un té saboreando los aromas lentamente, mientras se es testigo de la realidad encontrada, de la que te apoderas para endulzar la bebida.

Sergio Barce guarda un as en la manga y sorprende con un punto de inflexión en el capítulo “La cautiva” en el que la atmósfera envolvente de un cuadro sumerge al adolescente que lo contempla en un momento íntimo y sensual, conquistando de forma irrefrenable al lector en la escena.

Atención a la banda sonora, y no me refiero a la excelencia de Cole Porter, que también se escucha. Hay una partitura original que se ejecuta en todos y cada uno de los relatos, y son las voces de los más queridos, las que pasearon por el zoco, las de las frenadas de bicicleta, las del cine y del colegio. Voces que contemplaron el balcón del Atlántico, las que cruzaban el Lucus para alcanzar la playa y, sobre todo, las de sus amigos, entonces niños que descubrían a gritos la aventura de vivir en Larache.

La mítica historia de Larache junto a su emplazamiento geográfico, donde el Lucus y el Atlántico se dan el eterno abrazo, deja para las miradas que escuchan un paisaje digno de hermosa leyenda.

Al poco de iniciar la lectura por el Zoco Chico, si se ha realizado larachensemente, el lector habrá alcanzado la categoría de  converso. Seguramente no podrá prescindir de seguir recibiendo noticias de Larache, aquí recopiladas en treinta relatos que llegan tan frescos como una crónica diaria, una noticia comentada con anchura y con poca extensión, donde la voz del autor fascina con su amplia paleta y seduce como los colores que se filtraron por la ventana de Matisse.

¡Enhorabuena, Sergio Barce!

https://sergiobarce.wordpress.com

¡Ahí es Nada!, el teatro de José A. Milián

A través de la literatura y el teatro, José A. Milián ejercita el día a día en el colegio del Pilar, donde sus materias muestran a los alumnos que la vida otorga un disfrute añadido cuando se hallan las páginas escritas. Así se revela un entusiasmado por las letras, un gran maestro que ilumina en las aulas. 

Buena parte de su gesta consiste en materializar su proyecto con los que cursan primero de bachiller, los nuevos  talentos que conforman Pilar Teatre.

ImagenTodavía permanece en nuestra mano la herramienta para picar piedra que nos dejó con Evolution , más aún, para tallar los artilugios que la Modernidad trae sin medida, y sin medida seguimos hasta hoy, sin saber utilizarlos de forma moderada. ¡Así nos va!  

Nada es la original idea de este año, un folio en blanco transformado por la mano brillante de José A. Milián, una obra que nada en la metáfora.

Esta vez, el autor nos hace el guiño con un felino, el muñeco nos marca el ritmo con el movimiento de un brazo castrense que sube y baja con una marcha imparable —¡qué gato más cansino!— en verdad, nos está retando a que nos movamos más que él y combatir el chantaje de la comodidad a la que sucumbimos por nada.

Nada son dos horas de cautiverio voluntario al que, sin apenas pestañear, asistimos para acabar henchidos y disfrutar de un plantel que se presenta como espejos de nuestra cotidianidad; todos en mayor o menor medida quedamos reflejados en los protagonistas.

En Nada encontramos la complicidad y el buen hacer entre la dirección y sus colaboradores, focos bien adiestrados, sonido de cabina, voces que dialogan entre butacas, silencios que se rompen con el estallido de excelentes coreografías, audiovisuales, y ¡cómo no!  todo hilvanado con humor; y de esta forma tan hechicera, envueltos entre risas, nos atrapa como sin nada, y ¿para qué? para hacernos trabajar un poco, reflexionar, movernos, vivir ¡ahí es nada! porque no hay nada que impida que tengamos un ojo avizor para no caer en el engaño de las apariencias. 

Y con la rapidez de un golpe de abanico se abre el mundo ante nosotros, el mismo que pisamos, el que está repleto de posibilidades y aunque no nos consideremos cortitos de vista, no siempre lo vemos.

El profesor no se instala en el éxito logrado, cuando baja el telón afronta un nuevo reto, prepara a los recién llegados arrebatándoles buena parte de sus miedos para subir a escena. Y así vemos una pequeña parte de Nada, que más que nada aún queda por decir mucho.

José A. Milián posee un estilo propio que cautiva, algo difícil de conseguir. Su ingenio se inyecta en un público entregado desde el inicio, y no deja de sorprender en cada secuencia una creatividad empapada de historias, que brota con tinta fértil cada primavera.
                                                     ¡Enhorabuena!

 

“La fragilidad del neón” de Juan Laborda Barceló. Presentación

Dos propuestas se dieron cita para prender luces monumentales el pasado viernes 7 de marzo en Valencia. En un extremo de la ciudad, una multitud arracimada se dejaba iluminar bajo las exorbitantes leds que erigían formas palaciegas para engalanar calles y recibir las fiestas falleras; mientras otros, optamos por un enclave mucho menos concurrido, y no por ello menos iluminado.

UnknownLa fragilidad del neón, segunda novela de Juan Laborda Barceló, estuvo arropada con la calidez habitual que ofrece la librería Ramón Llull, una luz anaranjada que se tamizó, como si hubiera actuado la paleta de Vermeer, para crear una atmósfera tan inasible como envolvente.

La presentación llegó de la mano de la escritora Susana Fortes, su entusiasmo se extendió con la rapidez de la pólvora desde la primera frase. Comenzó con una semblanza –la novela es como una salsa bien proporcionada–  con los ingredientes en su justa medida, donde la alternancia de personajes reales y de ficción ligan hasta conseguir el estado más óptimo.

Destacó el trabajo de documentación del autor, el rigor histórico abarcado para narrar los años de la resistencia en la Guerra Civi española, los sesenta en Paris, el conflicto con Argelia, y en medio de la fragilidad política, añade el toque glamuroso que siempre deslumbra cuando nos acercamos al mundo del celuloide.

Laborda abandonó su discreta mirada y se contagió de Susana, participando ambos en un continuo trasiego de anécdotas reveladoras. Fueron alternando su turno, a la vez que se interrumpían en cada comentario para dar paso a los nuevos apuntes que su memoria registraba.

Prácticamente enmudecidos presenciamos toda la magnitud de la escena, protagonizada por los dos escritores que ejecutaron con maestría pinceladas que viajaban en el tiempo, adelante y atrás, deteniéndose en el mito, fetichismo, realidad, historia, como arrebatos de celebración de la simbiosis prodigiosa de cine y literatura.

ya

Hoy le he dado comienzo a la novela, en sus primeras veinte páginas ya se escucha el ritmo de la banda sonora, frases cortas, precisas, rápidas, cuidadas, una sucesión de fotogramas tan edificantes como el blanco y negro, la excelencia de la gran pantalla que siempre engancha al lector. Una tentación para no dejar de leerla.